18 de mayo de 2010

GEOGRAFIA TANGUERA XXXI- Tango en El Faro

Recien regreso de Buenos Aires y me siento delante del dentudo ordenador antes de que
el sueño se cobre lo que le debo y transforme la inmediatez de los datos en aroma de recuerdo.
Esta es una entrada atípica porque es un humilde reconocimiento a un lugar muy particular.
El lugar del que quiero hablar es el bar El Faro. Lejos, muy lejos de la parte del sudoku urbano bonaerense por la que se mueve el visitante. No se si en Agronomía, en Parque Chas o en Villa Pueyrredón, pero lo suficientemente lejos como para que a mi acompañante se le empezara a desencajar la cara dudando del taxista que hasta allí nos llevó. Pero ya hace algún tiempo que yo quería conocerlo y esta fue la ocasión.

El bar El Faro es un bar en ochava, como casi todos los de allí, y donde ningún elemento se cambia mientras siga funcionando, también como casi todos los de allí. Y en ese bar el cantor Hernán Cucuza perpetra un espectáculo llamado “el tango vuelve al barrio”. A ese barrio, no se sabe cuál, pero muy, muy lejano, en La Pampa con Av. Constituyentes, nos acercamos.
Bien elegido el nombre del espectáculo porque es verdad lo del tango y lo del barrio, aunque visto lo visto también podía decirse que es el barrio el que vuelve al tango.

Hernán “Cucuza” Castiello es un buen cantor al que yo conocía por una versión de un tema de Acho Estol en su disco Buenosaurios. Eso sería suficiente, pero es que además parece ser un excelente tipo. Con un cartel consolidado en Buenos Aires se ha convertido en guía, faro y de alguna manera mecenas de una generación de músicos que parecen sentir devoción por él. Puedo testificar que lo adoran. Y no voy a hablar más de él porque lo conozco poco, apenas unas horas, pero eso, Cucuza, lo arreglaremos el próximo viaje.
El espectáculo lo conduce él, pero casi es de creación colectiva. Todos quieren participar, todos sus amigos y también todo el público. Público, además, de barrio. De los que se aprendieron las letras de los temas de siempre de purretes, mientras su vieja planchaba la ropa escuchando Radio Belgrano.

Algunas veces, pocas, encuentras atmósferas como esta. Yo recuerdo algún trasnoche milonguero en el festival de granada co Zárate, Aníbal Arias y Guillermo Fernández. O alguna madrugada en el Bar de Roberto, al que hace unos años que no voy. O una larga velada en el Café Homero con Juárez rodeado de sus “barras bravas”. Momentos especiales en los que no sabes si el tango te entra al cerebro o te sale del cerebro por las goteras del cráneo.

Cucuza tiene un guitarrista, grande Moscato Luna, que aparenta ser el mismísimo diablo y puede que no solo lo aparente y junto con otros amigos como Lucio Arce (Lucio, ya estoy digiriendo tu segundo CD), Hernan Lucero, Patricio Crom(del grupo “Malo conocido), la “polaca” Rozenwasser (del grupo-oxímoron “Vanguardia vieja”) , Margarita la contadora de cuentos de nuestra vecina mesa y otros muchos de los que allí estaban componen lo que alguien definió, parafraseando a De Caro, “Alta bohemia”.

El espectáculo es largo, pero nadie quiere que acabe porque todos son partícipes de él. Empezamos a las diez y media sin previo aviso (si obviamos la hora de retraso) y acabó a eso de las dos y media de la mañana. El público cantaba por la boca de Hernán y Hernán, sabedor de la magia del lugar, canta a veces a través del público al que saluda casi de uno en uno. Y nadie quiere nunca acabar. Nosotros, pobres y desorientados gallegos, éramos la nota discordante, pero por poco tiempo. Comimos, bebimos, nos reímos y nos emocionamos como algunos de esos tipos de Villa Urquiza que nos rodeaban. Y fuimos aceptados y adoptados por ese grupo tan pintoresco. A las dos y media acabó el espectáculo y comenzó la fiesta, a la que fuimos invitados con nocturnidad y criminal premeditación, pero nosotros somos muy facilotes y no sabemos decir que no a la cerveza fría. Se juntaron las mesas y empezó a aparecer gente de debajo de los adoquines que tocaban las guitarras o cantaban por pura diversión mientras el resto charlaban o le daban al semillón. Pasaban las horas y aquello no acababa nunca y cuando alguien flaqueaba otro ocupaba su lugar. Gente de todo rango cantaba mientras los innumerables taxis porteños marcaban el paso de las horas. Hasta apareció un curioso tipo que tocaba y cantaba tangos al estilo de los Gipsy Kings en un grupo con nombre de innegable sabor porteño, "los bandoleiros", e incluso yo me hubiera arrancado si la profundidad del Rio de La Plata no hubiera supuesto un peligro para mi integridad.

Una hora después de que los puestitos de prensa abrieran, cuando ya las noticias del diario del día quedan obsoletas, y tan solo media hora antes de que el sol le pusiera el punto a la i del Obelisco, decidimos apagar la fábrica. Como solo le dimos al botón de standby supongo que será fácil volver a hacerla funcionar.

En fin, siete u ocho horas de tango en grupo, pero de tango sin grupo. Se debieron tocar más de cien temas de todas las épocas y autores con la salvedad (imperdonable, Cucuza) de Eladia Blázquez. Y mi acompañante de este viaje, que jamás en su vida había oído un tango, se emocionaba con Contursi y se partía de risa con Martino. Y se volvió al hotel pidiendo más.
Gracias de corazón a este grupo que nos admitió, sobre todo porque no nos advirtió. Y un reconocimiento al aguante de los hospitalarios dueños de un local que no debe cambiar. Y no se preocupen, que si es por la audiencia de este blog, no lo hará.

GAVION





















6 de mayo de 2010

LITERATURA POPULAR VII. HUMOR GALLEGO.

Hemos tenido ocasión de pasar un fin de semana en Pontevedra porque una tía mía, monja, celebraba sus cincuenta años de profesión.
Aparte de pasarlo estupendamente (las monjas siempre son muy buenas anfitrionas), tuve ocasión de añadir una nueva imagen a mi colección de letreros curiosos. En realidad, es una pareja de letreros.

En una casa de Pontevedra:


Y en la casa de enfrente:

28 de marzo de 2010

GEOGRAFIA TANGUERA XXX-Grandes orquestas 2



Firpo, Greco, Canaro, Fresedo, De Caro, di Sarli,Piazzolla, Troilo, D'arienzo, Caló, Maderna, Pugliese, Francini, Pointier, De Angelis, Gobbi, Mores, Salgán... en el tango como en el cerdo, y justo lo contrario que en este gobierno, todo es bueno.













El pianista Di Sarli es continuador de esa linea bailable, amable, de orquesta milonguera que inició Fresedo. Con el peso de la función sobre la linea de violines y unos bandoneones algo retirados, y eso que contaba con excelentes fuelleros como Leopoldo Federico. El director creó un estilo propio que se llamó “sonido DiSarli”, en el que la orquesta iba tocando y el piano del maestro rellenaba huecos como dirigiendo no con la batuta, sino con las teclas del dentudo.
También en esta linea se encontraba la orquesta de De Angelis. Fué esta orquesta ejemplo de simpleza y popularidad. Estéticamente heredera de las Big Bands americanas en la posición de los instrumentos, en los atriles... y con un dúo de cantantes, Dante-Martel, sobre los que se apoyaba su éxito. Música fácil para demostrar lo difícil que es hacerlo bien, no como otros que demuestran día tras día los esfuerzos que les cuesta hacer las cosas mal. Esta orquesta era llamada “la calesita” lo que da una idea de lo cercana que la sentía el pueblo.


Otra línea más innovodora, más creativa, es la que abriera Julio de Caro. El continuador de esta linea es Osvaldo Pugliese. En diciembre de 1902 nace Osvaldo Pedro Pugliese en una familia aficionada a la música. Su padre era zapatero ( como el de las góticas) además de flautista, dos ocupaciones que siempre han ido de la mano. Sus hermanos violinistas y él, por incordiar, pianista. Con 15 añitos, cuando afortunadamente la escolarización no era obligatoria, se inicia profesionalmente en el Café de la chancha, así conocido por la mugre que atesoraba casi desde que Juan de Garay redescubriera aquellas tierras. Acompañó a Francisca Bernardo, la primera mujer( al menos eso dicen) bandoneonista de la que se tiene noticia en el tango. Se fogeó en orquestas de órdago, cuya sola enumeración produce vértigo. Firpo, Gobbi, Laurenz o Miguel Caló. Hasta que en 1939 forma su orquesta con claras raices decarianas. Fiel a sus ideas comunistas, la funda en forma de cooperativa de trabajo musical y muchos músicos de ideas parecidas se apuntan. Sin embargo, cuando con 19 años, y por tanto menor de edad, compone “Recuerdos” la inscribe a nombre de su padre, Adolfo el flautista zapatero, para proteger los capitalistas derechos intelectuales algo difusos para los menores.Poco a poco va creando su propio estilo. Un estilo musical basado en la fuerte acantuación, en un golpe sólido y viril en la armonía. Puede ser difícil entender lo que estoy escribiendo, pero es muy fácil comprenderlo oyendo su tema “La yumba”. Uno de esos hitos en la historia del tango que setenta años después de su composición sigue siendo ejemplo de modernidad. “Recuerdo” , “Negracha” o “Malandraca” son otros ejemplos de tangos que estarán a la derecha de Gardel en el infierno que nos espera. Pasan, además, por ser los verdaderos precursores del contrapunto y la síncope que cultivarán más adelante Piazzolla y Salgán. Pasaron las décadas, los 40' de oro, los 50'con su cambio de modelo, los 60' con el abandono tanguero, los infaustos 70's , los 80's en los que parecía que no había esperanza para el tango, y por fín los 90's con el inicio de la recuperación de la música popular. Y por todas ellas, con más o menos éxito, anduvo Pugliese llevando el tango incluso al Colon, templo de la música y el baile culto de la Ciudad de Buenos Aires. Hasta que en 1994 echó el cierre.

Este estilo tanguero lo transitó también, y lo llevó a sus más altas cotas la figura cumbre, a mi modo de ver, de la historia del tango, Astor Piazzolla. Ya se que este es un tema controvertido, algo parecido a la discusión del sexo de los ángeles , a si es mejor Elvis o Los Beatles o a si preferimos la tetolatría sajona a la culolatría latina. Pero el tiempo lo pone todo en su lugar, y después del terremoto que supuso la revolución Piazzolliana empieza a aceptarse como un hecho la superioridad de su obra. Y esa aceptación es mucho mayor, yo diría que total, entre los profesionales del tango. No voy a contar nada de Piazzolla ahora, porque tengo otra entrada a medio acabar sobre el genio y amenazo con publicarla próximamente. Pugliese que comentaba que Piazzolla tenía que bajar el listón porque les obligaba a todos los demás a estudiar.

Piazzolla comenzó su carrera seria en la orquesta del bandoneonista Anibal Troilo “Pichuco”. El Gordo, como tambien se la llamaba, es todo un icono en la historia del tango. Con 10 años convence a su madre de que le compre un bandoneón. Podrían ser los 140 pesos mejor invertidos de la historia si no fuera porque el comerciante que se lo vendió murió al cuarto plazo de diez pesos mensuales, y sus deudos no le reclamaron el resto del instrumento que lo acompañó hasta que un 18 de mayo de 1975 “se le cayó de las manos”. Este es otro que a los doce años integraba una orquesta de señoritas (¡qué empeño!) que tuvo que abandonar poco después por razones capilarmente obvias.Después de un clásico periodo de aprendizaje en otras orquestas, el primero de julio de 1937 presenta conjunto propio en el “Marabú” bonaerense. Troilo,”el bandoneón mayor de Buenos Aires” formó una orquesta a medio camino entre las dos corrientes anteriores. Se rodeó de grandes músicos y, sobre todo, de excelentes cantantes. Castillo, Rivero, Fiorentino o Goyeneche prestaron sus personales gargantas a esta orquesta. Era una orquesta elegante, sin estridencias pero con guiños al tango algo más elaborado. Pichuco era, además, un excelente compositor y musicó letras de los más grandes poetas del tango. “Sur”, “la última curda” o “garúa” son tangos de una fuerte carga emocional que precisaban de un músico fuera de lo normal para no desmerecer. La predilección del Troilo por sus cantores está fuera de toda duda. Siempre buscó voces con personalidad y es famosa la forma su teoría de que un cantante de tangos debía contar tangos, que para cantarlos ya estaba la orquesta. El cariño y respeto que sentía por sus cantantes distaba mucho del desprecio de otros directores para los que los vocalistas eran un mal necesario. Otro puntal de la orquesta de Troilo era el piano del maestro Orlando Goñi. Goñi se convierte en la antítesis del piano hasta ese momento y su renovación es comúnmente aceptada como el inicio del piano moderno en el tango , un piano que abandona el ritmo para centrarse en conducir la armonía. Todos sus pianistas eran excelentes y triunfaron posteriormente con grupos propios, Goñi, Basso, Colángeno... Troilo, Pichuco, el gordo, el zurdo... muchas formas de llamar a un músico irrepetible con fama, parece que cierta, de hombre bonachón y tranquilo. A mí siempre me ha caido bien Pichuco, un tío que compone para Manzi, para Cátulo Castillo, para Cadícamo o para Jose María Contursi no puede caer mal a ningún tanguero de bien, pero es que además me recuerda a mi suegro, y eso, lejos de lo que parecería normal, me resulta simpático.También cultivo el teatro y, sobre todo, el cine, con folletines malos que el no escribía pero que su presencia dignificaba. “Los tres berretines” (tango, turf y futbol), “Mi noche triste”, y sobre todo “El tango vuelve a París” con una interpretación de Alberto Castillo del tango “Ninguna” que debería exponerse en el Louvre, son algunas de las pelis en las que actuó la orquesta. Sus discusiones con Piazzolla en la época en que Astor se encargaba de los arreglos orquestales acabaron con la separación de dos genios, pero Troilo era el primero en saber que si Piazzolla quería convulsionar el tango debía volar solo. La gratitud y la admiración que se tenían mutuamente se vió reflejada en unos temas que grabaron a dúo muchos años después así como en el detalle de que la viuda de Troilo, Lita, regaló a Astor el bandoneón de su marido cuando este murió.





Aún podíamos hablar de otra corriente dentro de las orquestaciones de los cuarente y cincuenta. Es la linea que abrió Canaro, y cuyo principal continuador es Mariano Mores.Mores es, porque aún vive, un tío listo, buen músico y que se sabe sacar provecho, en fin, todo espectáculo. En 1937 , por mediación de Sciamarella para quien compuso “Amor, dinero y salud” (increíble ¿verdad?) conoce a Ivo Pelay, y este lo enchufa en la orquesta, bueno, en una de ellas, de Francisco Canaro, con quien comparte la visión del negocio. Con la lección bien aprendida forma orquesta propia. Mores, compositor de temas como Uno, Gricel o Cafetín de Buenos Aires, eleva el número de componentes de la orquesta y le añade instrumentos y timbres nuevos dentro de un concepto de orquesta espectáculo con luces, bailarines y todo lo que haga del tango un show con él de maestro de ceremonias.Si alguien de mis lectores ha tenido la ocasión de ver el montaje del espectáculo “Tanguera” entenderá de lo que hablo. Compuso sus mejores temas con letras de Jose María Contursi(“Cristal”, “Gricel”, o “En esta tarde gris”) y de Discépolo (“Cafetín de Buenos Aires” o “Uno”). Discépolo decía de él:”Pibe, a partir de ahora ya no escribo mis músicas, para eso estás vos”.Yo tuve la suerte de ver junto con mi viejo un espectáculo inaugural del festival mundial de hace unos años en la bonaerense rosaleda de Palermo y puedo decir que esto era así. Espectáculo puro y eso que el maestro empezaba a estar algo momificado. Y no me extraña, teniendo en cuenta que empezó con su orquesta, la “Orquesta lírica popular” a finales de los cuarenta, aunque por su excesiva simpatía peronista fué castigado en algunas ocasiones.
A mediados de los 50' se agota el modelo y aunque no desaparecen las orquestas estas reducen mucho el número de musicantes. Horacio Salgán o Piazzolla mantienen orquestas antes de entrar en las oscuras décadas de los 60'y 70', pero ya no será lo mismo. La suerte de las grandes orquestas estaba echada y, aunque actualmente hay un resurgimiento de orquestas de corte clásico e incluso de cantantes con orquesta como en los últimos trabajos de Guillermo Fernández o de Ariel Ardit, la época de oro terminó junto con ellas.
Ahora una reseña que le debo a una cantante de la que ya he hablado alguna vez: Cecilia Bonardi, a quien tuve la ocasión de volver a oir en el festival de tango de Torrejón de Ardoz. Me recriminó, amistosamente, que me metiera con la interpretación de un par de temas que cantó en el pasado festival de Granada. Oido, pero los otros ocho o diez los alabé, como también lo hago con la actuación de Torrejón. En cualquier caso, Cecilia, nos vemos el mes que viene en Buenos Aires como ya quedamos el otro día.
Un abrazo a mis incondicionales. GAVION.

7 de marzo de 2010

ZAPATERO, ESE MACHISTA.



Machista de la peor especie, añadiría. De los que se creen muy feminista porque ha venido (él) a salvar a las mujeres.
Que cree firmemente en la discriminación mal llamada positiva (es tan estúpido decir que una discriminación es positiva como decir que una cuesta es hacia abajo), es decir, que hace falta que se les guarde a las mujeres una serie de puestos porque no serían capaces de alcanzarlo por sus propios méritos.

Que cree firmemente en la igualdad mediante la ley, porque piensa que las desigualdades son el resultado de una conspiración contra las mujeres, y no el resultado de las elecciones libres de cada uno (¿cómo va nadie a elegir libremente algo que a él no le parece bien?).

Que le preocupan las estadísticas sobre la presencia de las mujeres en las tareas masculinas, pero no al revés, porque sin duda piensa que si los hombres no hacen las cosas de mujeres es porque no son interesantes, mientras que si las mujeres no hacen las cosas de hombres es porque no les dejan, porque ¿cómo no van las mujeres a querer hacer lo que hacen los hombres? ¡si eso es lo bueno!

Que piensan que las mujeres tienen que preferir las relaciones sin ataduras ni responsabilidades, como los hombres, declarando al fin la victoria de los machos en la guerra de sexos.

Que piensa que si la mujeres no son como él cree que deben ser es porque no están lo suficientemente educadas. (En general, piensa que la gente es tan idiota que no sabe lo que le conviene y por eso hay que obligarla a hacerlo, mientras se les enseña y lo hacen por sí mismos).

Que piensa que con sus políticas presuntamente feministas todas las mujeres lo vamos a votar sin dudar porque somos tan estúpidas que no vamos a tener en cuenta el resto de su programa electoral o de sus actos.
* * *
Estoy orgullosa de vivir en un país en cuya constitución se consagra la igualdad de todos ante la ley. En un país en el que he podido elegir el tipo de vida que he querido llevar y que me permite tomar mis propias decisiones sobre mi vida.
Pero no se confíen, siempre vendrá algún machista que considerará que las decisiones que he tomado no son lo suficientemente progresistas y que tiene él que venir a decirnos a las mujeres cómo tenemos que vivir.
Y, lo que es peor, siempre habrá mujeres que en vez de sentirse ofendidas por ello estarán encantadas de medrar gracias a eso.
Machismo de la peor especie.

17 de febrero de 2010

GEOGRAFIA TANGUERA XXIX- Grandes orquestas

Esta entrada podría estar dedicada a Jenna Jameson, a Crissy Moran, a Natalia Cruze o a cualquiera de esos fetiches que pueblan, en muchos casos monopolizando, el imaginario masculino. Pero no, no va a ser así por dos motivos. El primero es que para marcar directrices sexuales ya tenemos nuestra ínclita Bibiana y su Menosterio de Igual@d ( cibersexo, mapas de excitación del clítoris, sanidad sexual y todas esas lineas maestras) y la segunda y principal es que esta es una entrada de TANGO. Además no de un tango cualquiera. Aviso que esta es una entrada para iniciados, aún sabiendo que esto no me va a dar ningún lector nuevo. Por otro lado tampoco hay peligro de perder a ninguno antiguo, así es que no me juego nada.














GRANDES ORQUESTAS DE LOS AÑOS 40


La década de los 40 es comúnmente reconocida como la época de oro del tango por la aparición de innumerables orquestas típicas herederas de las distintas formas de entender esta música. Estas distintas tendencias han sido por las que han transitado las que surgieron posteriormente y aún hoy clasifican a las actuales.

Es verdad que la realidad es poliédrica, pero hay tres razones fundamentales para que se produjera esta proliferación artística. La primera es, obviamente, la situación económica boyante de la argentina de la segunda guerra mundial. El ser, más o menos, neutral y proveedora de ambos bandos hizo que la situación del país mejorara asombrosamente y de forma inversa a como empeoraba en el resto del globo, de forma que la pasta que las clases adineradas gastaban en europa en la época de entreguerras no podían ahora ser gastadas mas que en los lujosos cabares y salas de baile del país.

La segunda es la dulcificación del tango con la prohibición del uso del lunfardo. En 1943 llega a la presidencia del país el general Pedro Pablo Ramírez (en realidad una marioneta del general Perón). No hay documento escrito sobre el asunto, pero el hecho es que la lengua arrabalera desaparece de los “broadcastings”. Esto hace que las clases acomodadas dejen de ver una amenaza en el tango y entren al trapo.









Y la tercera es esa especie de excepción cultural que supuso el proteccionismo del gobierno democrático del 46 que, como si de los chicos de la ceja o del gobierno de Montilla se tratara, impuso un 50% de música nacional en la radio y en las salas de fiesta.










El nombre de Orquesta Típica criolla viene de lejos.Lo acuñó Vicente Greco “Garrote” allá por la década de los 20. Desde el primer conjunto tanguero del que yo tenga memoria, con Sinforoso al clarinete y Alcorta al violín, hasta la figura de Greco no hubo un nombre que distinguiera a las orquestas que tocaban sólo música criolla de aquellas, mucho más numerosas, que la alternaban con pasodobles,coplas, tarantelas,polkas o cuplés. Más tarde, con la aparición de Gardel, el tango sufrió una evolución hacia lo cantado reduciéndose estas orquestas en número de componentes y convirtiéndose en meros acompañantes de los cantantes de la época. Aunque también es cierto que, debido a la escasa preparación en teoría musical de sus componentes probablemente habían llegado ya a su límite.

A principio de los años 20 aparace en escena un bandoneonista de formación academica, heredada de su madre, que se foguea en las orquestas de Canaro de la década anterior. Osvaldo Fresedo “el pibe de la paternal”, que con su pinta de aristócrata europeo forma una orquesta que lleva en sus entrañas al violinista que cambiará el concepto orquestal del tango. El tipo en cuestión es Julio de Caro. Tanta es la importancia de de Caro que en la historia de la música rioplatense se distingue entre el predecarismo y el posdecarismo como si de un origen de coordenadas se tratara. Gran estudioso musical, en el año 1924 entra a formar parte de la orquesa de Juan Carlos Cobián. J.C.Cobián era un hombre fuerte, de aspecto rudo y aficionado al boxeo, a la noche y a complicarse la vida. Ni su aspecto tocho ni sus enérgicas aficiones hacían suponer su virtuosismo al piano ni su sensibilidad como compositor. Algunos de los episodios más bellos del tango como “Nostalgias”, “Nieblas del riachuelo” o “Los dopados” (que posteriormente la censura cambió por “Los mareados”) son prueba de ello. Cobián centra a su Orquesta Típica en la armonía, y no en el ritmo como hasta ahora iniciando un camino que saca al tango del arcaismo. Además yo siempre le he tenido un cariño especial porque me recuerda mucho a mi tio Refa, pero esto tiene poca importancia en la historia de la música ppular, ya lo se. Cobián era también un tipo noctámbulo y enfrentado con la sensatez que en cuanto podía marchaba a Nueva York a perder su dinero en peleas con orquestas de Jazz hasta que arruinado tenia que volver a Buenos Aires. En una de esas ya no volvió y allí se quedo criando malvas es de suponer que con aromas tangueros.









En una de esas desapariciones Julio de Caro se hizo cargo de la orquesta y fundó una formación clave en la renovación del tango, el Sexteto Julio de Caro. Ya he hablado en alguna ocasión de guardia vieja y guardia nueva, de decarismo y sinfonismo y de la revolución que supuso la irrupción de jóvenes músicos formados en conservatorios gracias a los cuales el tango entró en los grandes salones de baile bonaerenses. El Sexteto de Julio de Caro se convierte en el año 1935 en la Orquesta melódica Internacional que marca la salida del resto de orquestas que jalonarán la década de los 40.

Con Fresedo, Cobián y de Caro llegamos a la epoca dorada del tango. Los puristas no me reconocerán a Fresedo, pero para mí perfeccionar el espíritu de hombre de empresa que aprendió de Canaro, de visionario del espectáculo, controlar a diario sus cuatro o cinco orquestas actuando a la vez y mantener este espíritu hasta la irrupción del que fue y afortunadamente sigue siendo el verdadero heredero de Canaro, Mariano Mores, es suficiente bagaje. Si además le añadimos que es el autor de una de las piezas más bellas que nunca se han escrito, el tango “Vida mía”, capaz de resistir la versión-invasión de Plácido Domingo sin perder su compostura, está todo dicho.

Bueno, entremos en faena.

En 1900 nace en Buenos Aires, hijo de una pareja de emigrantes italianos un pibe al que dan por nombre Juan. Juan D'arienzo se aficiona al violín igual que se podía haber aficionado a coleccionar mariposas, pero la naturaleza es sabia. Su afición al violín le permite recorrer un largo camino en orquestas en los 20 y 30, cosa que no le hubieran permitido las mariposas. En 1935 decide enfundar el violín y desenfundar la batuta, que es mucho más ligera, y funda una orquesta que supone el pilar de uno de los estilos que aún hoy está presente en el tango. Frente al sinfonismo de Cobian y de Caro, D'arienzo reivindica a la Guardia Vieja. Acentúa el ritmo, recupera el 2x4 frente al 4x8 de de Caro y se convierte en “el rey del compás”. Las pistas de baile se llenan al reclamo de su estilo marcado y la gente disfruta con sus aspamientos. La poderosa fila de bandoneones se convierte en la locomotora de la orquesta mientras el contrabajo refuerza su función rítmica. Muchos violines y el brioso piano que en su buena época tocaba el magnifico Rodolfo Biagi. Más amante de la cantidad y del ritmo que de la calidad y absolutamente despreocupado de las letras de sus, por otra parte escasas, composiciones sometía a sus cantores a tal tiranía orquestal que no había quien lo soportara. Su éxito fué arrollador y ganó muchísimo dinero, razón suficiente para que en un país tan poco dado al liberalismo económico como la argentina se dudara de su valía. D'arienzo supuso un fenómeno mediático tan importante que tiró de otras orquestas que, a su socaire, fueron contratadas por los grandes salones de baile de los que la revolución Decriana los había alejado. En cierta ocasión estaba la orquesta de Anibal Troilo “Pichuco” oyendo por la radio un concierto de D'arienzo y los musicantes se reían con cierto desprecio de lo rápido que tocaban. Pichuco, molesto les recriminó:”muchachos, guarden, que gracias a este comemos hoy todos nosotros”. La orquesta de D'arienzo estuvo activa hasta entrados los 70 y casi hasta su muerte en el 76, y hay innumerables videos en You Tube donde uno puede recrearse con la energía del director y con la fuerza de la linea de bandoneones. En cierta ocasión fuimos Zuppi y yo a un garito bonaerense donde tocaba una orquesta llamado “Los reyes del tango” que se postulan como los más genuinos continuadores de la linea D'arienzo. Llegamos tarde y ya estaba todo ocupado, pero previa gratificación, nos montaron una mesa a medio metro de los bandoneones. Solo de verlos acabamos agotados, y en cada respiración del fuelle parecía que iban a salir volando las teclas y los adornos nacarados.









Decía José Gobello, el gran lunfardista e investigador del tango, que en los años 20' Pascual Contursi llevó el tango de los pies a la boca y tuvo que aparecer en los D'arienzo en los 30' para devolverlo a los pies y así, con el partido empatado,abrir el camino de ese prodigio de equilibrio que fueron las orquestas de los 40´.

Fin de la primera parte. Un abrazo a mis incondicionales.

GAVION

10 de febrero de 2010

UN VINO PARA UN ENCUENTRO PLANETARIO

Cuando se produzca el próximo encuentro planetario, creo que lo adecuado sería servir este vino:



ROJO Y NEGRO de Bodegas Gutiérrez de la Vega.

5 de febrero de 2010

LECTURAS CON UNA MANO (II). MORFINA ROJA

“Morfina roja” fue el siguiente libro que leí. Es de Cristina Losada y se subtitula “Toda la verdad sobre el caso del doctor Montes, las “sedaciones terminales” y la eutanasia que promueve el PSOE”.

Desde que había visto su reseña en Libertad Digital tenía ganas de leerlo. Me gusta cómo escribe Cristina Losada y me interesa mucho el tema de la eutanasia. Sobre todo, cómo se emborronan los límites entre suicidio asistido, cuidados paliativos, sedaciones terminales y la verdadera eutanasia para hacerlo todo más progresista y más amable.

Precisamente por eso hay que ser muy cuidadoso en lo que se apoya, porque aunque todo lo vistan de “respeto a la voluntad”, de “evitar sufrimientos” o de “morir dignamente”, al final se traduce en que, cuando el paciente sea un estorbo y un gasto, se le administre una combinación de sustancias que lo hagan sumirse en un profundo sueño… del que nunca despertará.
Esta contradicción se ve en el libro.
Resulta claro que, cuando una persona acude a un hospital con un paciente grave, el médico es casi todopoderoso. Si dice que el paciente está muy mal, muriéndose y sufriendo, las familias siempre desean que todo acaba rápidamente y con el menor sufrimiento posible. Normalmente los familiares apenas entienden qué pasa y cuáles son las posibles alternativas. Y, aunque pudieran desear tener otra opinión o no se fiaran del todo del médico que atiende a su familiar ¿qué alternativa tienen? sobre todo si se trata de personas cuya única posibilidad es la sanidad pública.
Siempre que se habla de “muerte digna” y de “testamento vital” está implícito, desde luego, que el paciente tiene que estar conforme con que le apliquen esos cuidados paliativos que anulan la conciencia y pueden acelerar la muerte, pero si algo pusieron de manifiesto las investigaciones realizadas en el Severo Ochoa es que no se tenía constancia la mayoría de las veces de que nadie hubiera expresado su consentimiento.
Basta mirar las estadísticas de mortalidad del Servicio de Urgencias del Severo Ochoa mientras estuvo bajo la dirección del doctor Montes comparadas con el mismo servicio bajo otra dirección y con otros hospitales (Pág. 74 ) para entender que el cese del médico estuviera plenamente justificado.
Basta leer las declaraciones de Simancas el día que estalló el caso, hablando de “eutanasia activa” y exigiendo una investigación a fondo ante la extraordinaria gravedad de los hechos, y las de unos días después, diciendo que se había generado una alarma injustificada, desprestigio de los profesionales del hospital y desconfianza hacia la sanidad pública, para darse cuenta de que el caso estaba más que politizado.
Cuando, en mitad del caso, mucha gente mostraba su simpatía por el imputado diciendo “Quiero que me atienda el doctor Montes” yo me ponía muy contenta. Cuanta más gente sea atendida por esta clase de médicos, más posibilidades tendré yo de que me toque uno que respete mi voluntad.
A mí me gustaría morir consciente. Sufriendo lo menos posible, es cierto, pero consciente. Si me tienen que sedar, que sea cuando yo lo pida, a gritos si hace falta. Y después de saber que me muero y de llamar a un cura.
Uno de mis hermanos dice que, cuando la eutanasia (muerte digna o como quieran llamarla) sea algo aceptado comúnmente, se organizarán fiestas de despedida a los abueletes. Todo el mundo estará convencido (presionado) de que, llegada cierta edad o condición, lo mejor es liberar a la familia de la carga que supone una persona enferma e impedida. Se reunirá toda la familia y los amigos. Se le harán regalos, se le pondrán fotos y películas de su vida, se le dirá lo mucho que se le quiere… y al final se le pondrá una inyección que le permita morir dignamente rodeado del cariño de los suyos. Quien no pase por ahí, será considerado un egoísta que quiere fastidiar a su familia y costarnos dinero a todos.
También dentro de unos años se mirará como egoísta a la familia que deje nacer hijos discapacitados, que serán una carga para sus hermanos o para el Estado.
¡Ante todo la libertad de elegir!