





Tango, literatura y libre comercio.






so de Buenos Aires y me siento delante del dentudo ordenador antes de que
casi todos los de allí, y donde ningún elemento se cambia mientras siga funcionando, también como casi todos los de allí. Y en ese bar el cantor Hernán Cucuza perpetra un espectáculo llamado “el tango vuelve al barrio”. A ese barrio, no se sabe cuál, pero muy, muy lejano, en La Pampa con Av. Constituyentes, nos acercamos.
ectáculo lo conduce él, pero casi es de creación colectiva. Todos quieren participar, todos sus amigos y también todo el público. Público, además, de barrio. De los que se aprendieron las letras de los temas de siempre de purretes, mientras su vieja planchaba la ropa escuchando Radio Belgrano.
es largo, pero nadie quiere que acabe porque todos son partícipes de él. Empezamos a las diez y media sin previo aviso (si obviamos la hora de retraso) y acabó a eso de las dos y media de la mañana. El público cantaba por la boca de Hernán y Hernán, sabedor de la magia del lugar, canta a veces a través del público al que saluda casi de uno en uno. Y nadie quiere nunca acabar. Nosotros, pobres y desorientados gallegos, éramos la nota discordante, pero por poco tiempo. Comimos, bebimos, nos reímos y nos emocionamos como algunos de esos tipos de Villa Urquiza que nos rodeaban. Y fuimos aceptados y adoptados por ese grupo tan pintoresco. A las dos y media acabó el espectáculo y comenzó la fiesta, a la que fuimos invitados con nocturnidad y criminal premeditación, pero nosotros somos muy facilotes y no sabemos decir que no a la cerveza fría. Se juntaron las mesas y empezó a aparecer gente de debajo de los adoquines que tocaban las guitarras o cantaban por pura diversión mientras el resto charlaban o le daban al semillón. Pasaban las horas y aquello no acababa nunca y cuando alguien flaqueaba otro ocupaba su lugar. Gente de todo rango cantaba mientras los innumerables taxis porteños marcaban el paso de las horas. Hasta apareció un curioso tipo que tocaba y cantaba tangos al estilo de los Gipsy Kings en un grupo con nombre de innegable sabor porteño, "los bandoleiros", e incluso yo me hubiera arrancado si la profundidad del Rio de La Plata no hubiera supuesto un peligro para mi integridad.

ropio que se llamó “sonido DiSarli”, en el que la orquesta iba tocando y el piano del maestro rellenaba huecos como dirigiendo no con la batuta, sino con las teclas del dentudo.
en el tango. Se fogeó en orquestas de órdago, cuya sola enumeración produce vértigo. Firpo, Gobbi, Laurenz o Miguel Caló. Hasta que en 1939 forma su orquesta con claras raices decarianas. Fiel a sus ideas comunistas, la funda en forma de cooperativa de trabajo musical y muchos músicos de ideas parecidas se apuntan. Sin embargo, cuando con 19 años, y por tanto menor de edad, compone “Recuerdos” la inscribe a nombre de su padre, Adolfo el flautista zapatero, para proteger los capitalistas derechos intelectuales algo difusos para los menores.Poco a poco va creando su propio estilo. Un estilo musical basado en la fuerte acantuación, en un golpe sólido y viril en la armonía. Puede ser difícil entender lo que estoy escribiendo, pero es muy fácil comprenderlo oyendo su tema “La yumba”. Uno de esos hitos en la historia del tango que setenta años después de su composición sigue siendo ejemplo de modernidad. “Recuerdo” , “Negracha” o “Malandraca” son otros ejemplos de tangos que estarán a la derecha de Gardel en el infierno que nos espera. Pasan, además, por ser los verdaderos precursores del contrapunto y la síncope que cultivarán más adelante Piazzolla y Salgán. Pasaron las décadas, los 40' de oro, los 50'con su cambio de modelo, los 60' con el abandono tanguero, los infaustos 70's , los 80's en los que parecía que no había esperanza para el tango, y por fín los 90's con el inicio de la recuperación de la música popular. Y por todas ellas, con más o menos éxito, anduvo Pugliese llevando el tango incluso al Colon, templo de la música y el baile culto de la Ciudad de Buenos Aires. Hasta que en 1994 echó el cierre.
comenzó su carrera seria en la orquesta del bandoneonista Anibal Troilo “Pichuco”. El Gordo, como tambien se la llamaba, es todo un icono en la historia del tango. Con 10 años convence a su madre de que le compre un bandoneón. Podrían ser los 140 pesos mejor invertidos de la historia si no fuera porque el comerciante que se lo vendió murió al cuarto plazo de diez pesos mensuales, y sus deudos no le reclamaron el resto del instrumento que lo acompañó hasta que un 18 de mayo de 1975 “se le cayó de las manos”. Este es otro que a los doce años integraba una orquesta de señoritas (¡qué empeño!) que tuvo que abandonar poco después por razones capilarmente obvias.Después de un clásico periodo de aprendizaje en otras orquestas, el primero de julio de 1937 presenta conjunto propio en el “Marabú” bonaerense. Troilo,”el bandoneón mayor de Buenos Aires” formó una orquesta a medio camino entre las dos corrientes anteriores. Se rodeó de grandes músicos y, sobre todo, de excelentes cantantes. Castillo, Rivero, Fiorentino o Goyeneche prestaron sus personales gargantas a esta orquesta. Era una orquesta elegante, sin estridencias pero con guiños al tango algo más elaborado. Pichuco era, además, un excelente compositor y musicó letras de los más grandes poetas del tango. “Sur”, “la última curda” o “garúa” son tangos de una fuerte carga emocional que precisaban de un músico fuera de lo normal para no desmerecer. La predilección del Troilo por sus cantores está fuera de toda duda. Siempre buscó voces con personalidad y es famosa la forma su teoría de que un cantante de tangos debía contar tangos, que para cantarlos ya estaba la orquesta. El cariño y respeto que sentía por sus cantantes distaba mucho del desprecio de otros directores para los que los vocalistas eran un mal necesario. Otro puntal de la orquesta de Troilo era el piano del maestro Orlando Goñi. Goñi se convierte en la antítesis del piano hasta ese momento y su renovación es comúnmente aceptada como el inicio del piano moderno en el tango , un piano que abandona el ritmo para centrarse en conducir la armonía. Todos sus pianistas eran excelentes y triunfaron posteriormente con grupos propios, Goñi, Basso, Colángeno... Troilo, Pichuco, el gordo, el zurdo... muchas formas de llamar a un músico irrepetible con fama, parece que cierta, de hombre bonachón y tranquilo. A mí siempre me ha caido bien Pichuco, un tío que compone para Manzi, para Cátulo Castillo, para Cadícamo o para Jose María Contursi no puede caer mal a ningún tanguero de bien, pero es que además me recuerda a mi suegro, y eso, lejos de lo que parecería normal, me resulta simpático.También cultivo el teatro y, sobre todo, el cine, con folletines malos que el no escribía pero que su presencia dignificaba. “Los tres berretines” (tango, turf y futbol), “Mi noche triste”, y sobre todo “El tango vuelve a París” con una interpretación de Alberto Castillo del tango “Ninguna” que debería exponerse en el Louvre, son algunas de las pelis en las que actuó la orquesta. Sus discusiones con Piazzolla en la época en que Astor se encargaba de los arreglos orquestales acabaron con la separación de dos genios, pero Troilo era el primero en saber que si Piazzolla quería convulsionar el tango debía volar solo. La gratitud y la admiración que se tenían mutuamente se vió reflejada en unos temas que grabaron a dúo muchos años después así como en el detalle de que la viuda de Troilo, Lita, regaló a Astor el bandoneón de su marido cuando este murió. 


GRANDES ORQUESTAS DE LOS AÑOS 40
La década de los 40 es comúnmente reconocida como la época de oro del tango por la aparición de innumerables orquestas típicas herederas de las distintas formas de entender esta música. Estas distintas tendencias han sido por las que han transitado las que surgieron posteriormente y aún hoy clasifican a las actuales.
Es verdad que la realidad es poliédrica, pero hay tres razones fundamentales para que se produjera esta proliferación artística. La primera es, obviamente, la situación económica boyante de la argentina de la segunda guerra mundial. El ser, más o menos, neutral y proveedora de ambos bandos hizo que la situación del país mejorara asombrosamente y de forma inversa a como empeoraba en el resto del globo, de forma que la pasta que las clases adineradas gastaban en europa en la época de entreguerras no podían ahora ser gastadas mas que en los lujosos cabares y salas de baile del país.
La segunda es la dulcificación del tango con la prohibición del uso del lunfardo. En 1943 llega a la presidencia del país el general Pedro Pablo Ramírez (en realidad una marioneta del general Perón). No hay documento escrito sobre el asunto, pero el hecho es que la lengua arrabalera desaparece de los “broadcastings”. Esto hace que las clases acomodadas dejen de ver una amenaza en el tango y entren al trapo.


Y la tercera es esa especie de excepción cultural que supuso el proteccionismo del gobierno democrático del 46 que, como si de los chicos de la ceja o del gobierno de Montilla se tratara, impuso un 50% de música nacional en la radio y en las salas de fiesta.


El nombre de Orquesta Típica criolla viene de lejos.Lo acuñó Vicente Greco “Garrote” allá por la década de los 20. Desde el primer conjunto tanguero del que yo tenga memoria, con Sinforoso al clarinete y Alcorta al violín, hasta la figura de Greco no hubo un nombre que distinguiera a las orquestas que tocaban sólo música criolla de aquellas, mucho más numerosas, que la alternaban con pasodobles,coplas, tarantelas,polkas o cuplés. Más tarde, con la aparición de Gardel, el tango sufrió una evolución hacia lo cantado reduciéndose estas orquestas en número de componentes y convirtiéndose en meros acompañantes de los cantantes de la época. Aunque también es cierto que, debido a la escasa preparación en teoría musical de sus componentes probablemente habían llegado ya a su límite.
A principio de los años 20 aparace en escena un bandoneonista de formación academica, heredada de su madre, que se foguea en las orquestas de Canaro de la década anterior. Osvaldo Fresedo “el pibe de la paternal”, que con su pinta de aristócrata europeo forma una orquesta que lleva en sus entrañas al violinista que cambiará el concepto orquestal del tango. El tipo en cuestión es Julio de Caro. Tanta es la importancia de de Caro que en la historia de la música rioplatense se distingue entre el predecarismo y el posdecarismo como si de un origen de coordenadas se tratara. Gran estudioso musical, en el año 1924 entra a formar parte de la orquesa de Juan Carlos Cobián. J.C.Cobián era un hombre fuerte, de aspecto rudo y aficionado al boxeo, a la noche y a complicarse la vida. Ni su aspecto tocho ni sus enérgicas aficiones hacían suponer su virtuosismo al piano ni su sensibilidad como compositor. Algunos de los episodios más bellos del tango como “Nostalgias”, “Nieblas del riachuelo” o “Los dopados” (que posteriormente la censura cambió por “Los mareados”) son prueba de ello. Cobián centra a su Orquesta Típica en la armonía, y no en el ritmo como hasta ahora iniciando un camino que saca al tango del arcaismo. Además yo siempre le he tenido un cariño especial porque me recuerda mucho a mi tio Refa, pero esto tiene poca importancia en la historia de la música ppular, ya lo se. Cobián era también un tipo noctámbulo y enfrentado con la sensatez que en cuanto podía marchaba a Nueva York a perder su dinero en peleas con orquestas de Jazz hasta que arruinado tenia que volver a Buenos Aires. En una de esas ya no volvió y allí se quedo criando malvas es de suponer que con aromas tangueros.


En una de esas desapariciones Julio de Caro se hizo cargo de la orquesta y fundó una formación clave en la renovación del tango, el Sexteto Julio de Caro. Ya he hablado en alguna ocasión de guardia vieja y guardia nueva, de decarismo y sinfonismo y de la revolución que supuso la irrupción de jóvenes músicos formados en conservatorios gracias a los cuales el tango entró en los grandes salones de baile bonaerenses. El Sexteto de Julio de Caro se convierte en el año 1935 en la Orquesta melódica Internacional que marca la salida del resto de orquestas que jalonarán la década de los 40.
Con Fresedo, Cobián y de Caro llegamos a la epoca dorada del tango. Los puristas no me reconocerán a Fresedo, pero para mí perfeccionar el espíritu de hombre de empresa que aprendió de Canaro, de visionario del espectáculo, controlar a diario sus cuatro o cinco orquestas actuando a la vez y mantener este espíritu hasta la irrupción del que fue y afortunadamente sigue siendo el verdadero heredero de Canaro, Mariano Mores, es suficiente bagaje. Si además le añadimos que es el autor de una de las piezas más bellas que nunca se han escrito, el tango “Vida mía”, capaz de resistir la versión-invasión de Plácido Domingo sin perder su compostura, está todo dicho.
Bueno, entremos en faena.
En 1900 nace en Buenos Aires, hijo de una pareja de emigrantes italianos un pibe al que dan por nombre Juan. Juan D'arienzo se aficiona al violín igual que se podía haber aficionado a coleccionar mariposas, pero la naturaleza es sabia. Su afición al violín le permite recorrer un largo camino en orquestas en los 20 y 30, cosa que no le hubieran permitido las mariposas. En 1935 decide enfundar el violín y desenfundar la batuta, que es mucho más ligera, y funda una orquesta que supone el pilar de uno de los estilos que aún hoy está presente en el tango. Frente al sinfonismo de Cobian y de Caro, D'arienzo reivindica a la Guardia Vieja. Acentúa el ritmo, recupera el 2x4 frente al 4x8 de de Caro y se convierte en “el rey del compás”. Las pistas de baile se llenan al reclamo de su estilo marcado y la gente disfruta con sus aspamientos. La poderosa fila de bandoneones se convierte en la locomotora de la orquesta mientras el contrabajo refuerza su función rítmica. Muchos violines y el brioso piano que en su buena época tocaba el magnifico Rodolfo Biagi. Más amante de la cantidad y del ritmo que de la calidad y absolutamente despreocupado de las letras de sus, por otra parte escasas, composiciones sometía a sus cantores a tal tiranía orquestal que no había quien lo soportara. Su éxito fué arrollador y ganó muchísimo dinero, razón suficiente para que en un país tan poco dado al liberalismo económico como la argentina se dudara de su valía. D'arienzo supuso un fenómeno mediático tan importante que tiró de otras orquestas que, a su socaire, fueron contratadas por los grandes salones de baile de los que la revolución Decriana los había alejado. En cierta ocasión estaba la orquesta de Anibal Troilo “Pichuco” oyendo por la radio un concierto de D'arienzo y los musicantes se reían con cierto desprecio de lo rápido que tocaban. Pichuco, molesto les recriminó:”muchachos, guarden, que gracias a este comemos hoy todos nosotros”. La orquesta de D'arienzo estuvo activa hasta entrados los 70 y casi hasta su muerte en el 76, y hay innumerables videos en You Tube donde uno puede recrearse con la energía del director y con la fuerza de la linea de bandoneones. En cierta ocasión fuimos Zuppi y yo a un garito bonaerense donde tocaba una orquesta llamado “Los reyes del tango” que se postulan como los más genuinos continuadores de la linea D'arienzo. Llegamos tarde y ya estaba todo ocupado, pero previa gratificación, nos montaron una mesa a medio metro de los bandoneones. Solo de verlos acabamos agotados, y en cada respiración del fuelle parecía que iban a salir volando las teclas y los adornos nacarados.


Decía José Gobello, el gran lunfardista e investigador del tango, que en los años 20' Pascual Contursi llevó el tango de los pies a la boca y tuvo que aparecer en los D'arienzo en los 30' para devolverlo a los pies y así, con el partido empatado,abrir el camino de ese prodigio de equilibrio que fueron las orquestas de los 40´.
Fin de la primera parte. Un abrazo a mis incondicionales.
GAVION