
BUENOS AIRES 1978
PROCESO DE REORGANIZACION NACIONAL
22.000 DESAPARECIDOS

MADRID 2010
LEY DE SALUD REPRODUCTIVA (LEY AIDO)
106.000 ABORTOS
GAVION
Tango, literatura y libre comercio.











so de Buenos Aires y me siento delante del dentudo ordenador antes de que
casi todos los de allí, y donde ningún elemento se cambia mientras siga funcionando, también como casi todos los de allí. Y en ese bar el cantor Hernán Cucuza perpetra un espectáculo llamado “el tango vuelve al barrio”. A ese barrio, no se sabe cuál, pero muy, muy lejano, en La Pampa con Av. Constituyentes, nos acercamos.
ectáculo lo conduce él, pero casi es de creación colectiva. Todos quieren participar, todos sus amigos y también todo el público. Público, además, de barrio. De los que se aprendieron las letras de los temas de siempre de purretes, mientras su vieja planchaba la ropa escuchando Radio Belgrano.
es largo, pero nadie quiere que acabe porque todos son partícipes de él. Empezamos a las diez y media sin previo aviso (si obviamos la hora de retraso) y acabó a eso de las dos y media de la mañana. El público cantaba por la boca de Hernán y Hernán, sabedor de la magia del lugar, canta a veces a través del público al que saluda casi de uno en uno. Y nadie quiere nunca acabar. Nosotros, pobres y desorientados gallegos, éramos la nota discordante, pero por poco tiempo. Comimos, bebimos, nos reímos y nos emocionamos como algunos de esos tipos de Villa Urquiza que nos rodeaban. Y fuimos aceptados y adoptados por ese grupo tan pintoresco. A las dos y media acabó el espectáculo y comenzó la fiesta, a la que fuimos invitados con nocturnidad y criminal premeditación, pero nosotros somos muy facilotes y no sabemos decir que no a la cerveza fría. Se juntaron las mesas y empezó a aparecer gente de debajo de los adoquines que tocaban las guitarras o cantaban por pura diversión mientras el resto charlaban o le daban al semillón. Pasaban las horas y aquello no acababa nunca y cuando alguien flaqueaba otro ocupaba su lugar. Gente de todo rango cantaba mientras los innumerables taxis porteños marcaban el paso de las horas. Hasta apareció un curioso tipo que tocaba y cantaba tangos al estilo de los Gipsy Kings en un grupo con nombre de innegable sabor porteño, "los bandoleiros", e incluso yo me hubiera arrancado si la profundidad del Rio de La Plata no hubiera supuesto un peligro para mi integridad.

ropio que se llamó “sonido DiSarli”, en el que la orquesta iba tocando y el piano del maestro rellenaba huecos como dirigiendo no con la batuta, sino con las teclas del dentudo.
en el tango. Se fogeó en orquestas de órdago, cuya sola enumeración produce vértigo. Firpo, Gobbi, Laurenz o Miguel Caló. Hasta que en 1939 forma su orquesta con claras raices decarianas. Fiel a sus ideas comunistas, la funda en forma de cooperativa de trabajo musical y muchos músicos de ideas parecidas se apuntan. Sin embargo, cuando con 19 años, y por tanto menor de edad, compone “Recuerdos” la inscribe a nombre de su padre, Adolfo el flautista zapatero, para proteger los capitalistas derechos intelectuales algo difusos para los menores.Poco a poco va creando su propio estilo. Un estilo musical basado en la fuerte acantuación, en un golpe sólido y viril en la armonía. Puede ser difícil entender lo que estoy escribiendo, pero es muy fácil comprenderlo oyendo su tema “La yumba”. Uno de esos hitos en la historia del tango que setenta años después de su composición sigue siendo ejemplo de modernidad. “Recuerdo” , “Negracha” o “Malandraca” son otros ejemplos de tangos que estarán a la derecha de Gardel en el infierno que nos espera. Pasan, además, por ser los verdaderos precursores del contrapunto y la síncope que cultivarán más adelante Piazzolla y Salgán. Pasaron las décadas, los 40' de oro, los 50'con su cambio de modelo, los 60' con el abandono tanguero, los infaustos 70's , los 80's en los que parecía que no había esperanza para el tango, y por fín los 90's con el inicio de la recuperación de la música popular. Y por todas ellas, con más o menos éxito, anduvo Pugliese llevando el tango incluso al Colon, templo de la música y el baile culto de la Ciudad de Buenos Aires. Hasta que en 1994 echó el cierre.
comenzó su carrera seria en la orquesta del bandoneonista Anibal Troilo “Pichuco”. El Gordo, como tambien se la llamaba, es todo un icono en la historia del tango. Con 10 años convence a su madre de que le compre un bandoneón. Podrían ser los 140 pesos mejor invertidos de la historia si no fuera porque el comerciante que se lo vendió murió al cuarto plazo de diez pesos mensuales, y sus deudos no le reclamaron el resto del instrumento que lo acompañó hasta que un 18 de mayo de 1975 “se le cayó de las manos”. Este es otro que a los doce años integraba una orquesta de señoritas (¡qué empeño!) que tuvo que abandonar poco después por razones capilarmente obvias.Después de un clásico periodo de aprendizaje en otras orquestas, el primero de julio de 1937 presenta conjunto propio en el “Marabú” bonaerense. Troilo,”el bandoneón mayor de Buenos Aires” formó una orquesta a medio camino entre las dos corrientes anteriores. Se rodeó de grandes músicos y, sobre todo, de excelentes cantantes. Castillo, Rivero, Fiorentino o Goyeneche prestaron sus personales gargantas a esta orquesta. Era una orquesta elegante, sin estridencias pero con guiños al tango algo más elaborado. Pichuco era, además, un excelente compositor y musicó letras de los más grandes poetas del tango. “Sur”, “la última curda” o “garúa” son tangos de una fuerte carga emocional que precisaban de un músico fuera de lo normal para no desmerecer. La predilección del Troilo por sus cantores está fuera de toda duda. Siempre buscó voces con personalidad y es famosa la forma su teoría de que un cantante de tangos debía contar tangos, que para cantarlos ya estaba la orquesta. El cariño y respeto que sentía por sus cantantes distaba mucho del desprecio de otros directores para los que los vocalistas eran un mal necesario. Otro puntal de la orquesta de Troilo era el piano del maestro Orlando Goñi. Goñi se convierte en la antítesis del piano hasta ese momento y su renovación es comúnmente aceptada como el inicio del piano moderno en el tango , un piano que abandona el ritmo para centrarse en conducir la armonía. Todos sus pianistas eran excelentes y triunfaron posteriormente con grupos propios, Goñi, Basso, Colángeno... Troilo, Pichuco, el gordo, el zurdo... muchas formas de llamar a un músico irrepetible con fama, parece que cierta, de hombre bonachón y tranquilo. A mí siempre me ha caido bien Pichuco, un tío que compone para Manzi, para Cátulo Castillo, para Cadícamo o para Jose María Contursi no puede caer mal a ningún tanguero de bien, pero es que además me recuerda a mi suegro, y eso, lejos de lo que parecería normal, me resulta simpático.También cultivo el teatro y, sobre todo, el cine, con folletines malos que el no escribía pero que su presencia dignificaba. “Los tres berretines” (tango, turf y futbol), “Mi noche triste”, y sobre todo “El tango vuelve a París” con una interpretación de Alberto Castillo del tango “Ninguna” que debería exponerse en el Louvre, son algunas de las pelis en las que actuó la orquesta. Sus discusiones con Piazzolla en la época en que Astor se encargaba de los arreglos orquestales acabaron con la separación de dos genios, pero Troilo era el primero en saber que si Piazzolla quería convulsionar el tango debía volar solo. La gratitud y la admiración que se tenían mutuamente se vió reflejada en unos temas que grabaron a dúo muchos años después así como en el detalle de que la viuda de Troilo, Lita, regaló a Astor el bandoneón de su marido cuando este murió. 